El próximo 13 de agosto se disputará la vigésimo cuarta edición de La Perico. 2500 valientes se lanzaron a la conquista de los cuatro puertos y de los 163 kilómetros de esta prueba.

El año pasado asistí a la vigésimo tercera edición de La Perico como espectador y como respaldo de mi padre y mi hermano, los cuales sí la realizaron. Este año no estaremos por ahí para apoyarles, pero para el próximo si Dios quiere no faltaremos a esta carrera tan especial celebrada en una la fantástica e historia ciudad de Segovia.

Me gustaría aprovechar este momento para contarles mi única experiencia en esta prueba, la Marcha Cicloturista La Perico 2008.

 

Mi experiencia en la Marcha Cicloturista La Perico 2008

En enero de ese año decidí retomar la bicicleta. Después de más de 5 años sin hacer ni un solo kilómetro y habiendo ganado más de treinta kilos de peso con respecto a mi mejor época de ciclista amateur, ya pueden imaginar lo duro que fue.

No sé si es algo que sólo yo pienso o si a todo ciclista le ha pasado. Considero que este deporte es realmente maravilloso, pero cuando estás fuera de forma (muy fuera de forma en mi caso) y tienes que empezar de cero, la bicicleta puede ser muy desesperante.

Comencé con trayectos cortos, 30 o 40 kilómetros, principalmente llanos, intentando mantenerme en un rango de pulsaciones entre 125 y 140, para que el ejercicio fuera aeróbico y así desarrollar mi red de vasos sanguíneos.

Pueden imaginar lo frustrante que era ver como todo el mundo me pasaba tranquilamente, sin apenas esfuerzo, mientras yo lo estaba dando todo. En ocasiones podía seguir el ritmo de algún compañero, pero debía dejarlo ir para no sobrepasar las 140 pulsaciones.

Ya por el mes de mayo, había aumentado la distancia de los recorridos hasta los 55 kilómetros y había incluido tramos anaeróbicos. Con siete kilos menos me sentía más ligero pero no lo suficiente.

Poco después, sin casi darme cuenta, estaba recogiendo mi dorsal para La Perico 2008. Sólo había hecho tres recorridos de más de cien kilómetros durante todo el año. ¡Una locura!

 

Recorrido La Perico 2008

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Ese año, en un principio, iba a estar acompañado por mi hermano y mi padre, pero finalmente el segundo no tomó la salida debido a una caída apenas un mes antes de la prueba.

 

El día de la Carrera en La Perico 2008

Debo reconocer que verte rodeado de tantos ciclistas impresiona y, en mi caso, me asustaba. Cuando salimos a las 8 de la mañana del Pabellón Municipal «Pedro Delgado» (no se salía del acueducto como en esta ocasión), sólo pensaba en no caerme, en no engancharme con nadie, en no hacer el afilador e irme al suelo.

Sin embargo, poco a poco, me fui sintiendo más cómodo, más tranquilo. Además, que los primeros kilómetros fueran neutralizados me ayudaba bastante.

Una vez llegados a la Granja, ¡Sálvese quien pueda! Simplemente no volví a ver a los ciclistas que se encontraban delante de mí y me adelantaron bastantes de los de detrás.

Me focalicé en mantener mi ritmo, algo que por suerte sí recordaba de mis viejos tiempos. Sinceramente, el Puerto de Navacerrada se me hizo muy llevadero. Ese tipo de puertos con curvas ayudan bastante y no desmoralizan como esos otros con grandes rectas, casi infinitas.

Bajamos Cotos y en nada ya estábamos en la ascensión a La Morcuera. Hubo partes duras, pero de nuevo, no lo pasé muy mal. En mi cabeza pensaba, ¡esto es pan comido!

Pasando Miraflores de la Sierra, recordé a mi padre advirtiéndome que preparara el plato pequeño antes del giro a izquierdas previo al comienzo del Puerto de Canencia. Aún así, todavía no sé por qué, se me soltó la cadena y tuve que echar pie a tierra. A duras penas conseguí colocarla y gracias a la ayuda de uno de los espectadores, pude reiniciar la marcha, eso sí, con las manos llenas de grasa.

Después de esa dura rampa, recuerdo zonas muy cómodas, en las que incluso alcancé los 30 kilómetros por ahora. Estaba realmente desbocado. Creo que ese fue el principio del fin.

Los tres o cuatro últimos kilómetros del Puerto de Canencia se me hicieron larguísimos, muy duros. Perdí por completo la alegría en el pedaleo de los kilómetros previos.

Cuando comencé la bajada y posteriormente llegué a la zona de llano que nos llevaba al Puerto de Navafría, los miles de ciclistas de la salida parecían haber desaparecido. Todos estaban desperdigados.

Volví a recordar las palabras de mi padre diciéndome que intentara unirme a un grupo, ¡pero es que no había ninguno!

Ese tramo me fue madurando y el Puerto de Navafría, sencillamente acabó conmigo.

No es que yo sea un experto en puertos, pero he subido algunos bastante duros en Tenerife como Los Loros, La Esperanza, La OrotavaLas Mercedes o El Bailadero; o los cuatro de la prueba Quebrantahuesos (Somport, Marie Blanque, Portalet y Hoz de Jaca).  Pese a ello, no sé si fue el cansancio acumulado o la falta de entrenamiento, pero el Puerto de Navafría ha sido de los más duros.

Parecía que la carretera estuviera imantada, ese Campo Magnético al que creo que en ocasiones se refiere Pedro Delgado. El hecho es que no avanzaba. Pasaban los minutos y parecía que estaba en el mismo sitio. Cada pedalada me costaba un mundo. Con todo metido desde las primeras rampas. Un suplicio…

Llegado un momento me bajé de la bici. No sabía ni cuánto me quedaba para coronar ni lo duro que era lo que me faltaba por subir.

Mi familia me estaba esperando en lo alto del puerto. Los llamé y les dije que bajaran. Cuando me encontraron, mi padre dijo una de esas frases que siempre dudas si creer o no: ¡Ya estás casi arriba, no queda nada! Más de una vez había escuchado esas palabras y ese nada que restaba resultaba ser mucho.

Pero en este caso, al final era cierto. Sólo tuve que subir un kilómetro más y ya estaba arriba. Cinco horas y media después de la salida había superado los cuatro puertos. «Sólo» me quedaban 40 kilómetros de un llano «rompepiernas«, generalmente con viento en contra.

En ese momento dije basta. Aunque me duela decirlo, abandoné la prueba. No tenía sentido para mí acabar la prueba en esas condiciones. Debía reconocerlo, no me había preparado bien. La Perico me había vencido. Quizás podría haberla terminado (me sobra pundonor), pero no quería que fuese así.

Además, al día siguiente partía a Biescas a inspeccionar por primera vez el recorrido de la Quebrantahuesos. Tenía todo preparado para pasarme una semana subiendo los puertos de otra de las marchas cicloturistas importantes del panorama español y temía que el esfuerzo por acabar La Perico me dejara sin energía. Así que, tiré la toalla.

 

El resumen de mi experiencia en la Marcha Perico Delgado

En resumen, el ciclismo es un deporte increíble. Te permite disfrutar de la compañía de otros colegas. Te lleva a contemplar parajes increíbles. Te muestra tus límites y como sobrepasarlos. Con él descubres el significado de la palabra sacrificio.

Cada recorrido, cada etapa, cada prueba te enseña algo nuevo. Y en esta ocasión, con La Perico 2008 aprendí algo muy importante:

Si quieres hacer La Perico, entrena

Por cierto, al año siguiente sí pude hacer la Quebrantahuesos, pero esa historia la dejo para otro día.

 

 

 

 

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